Cada vez se habla más de las relaciones abiertas y de las diferentes formas de vincularse afectivamente. Sin embargo, en consulta también es frecuente encontrar situaciones en las que el concepto de relación abierta se utiliza para describir dinámicas que, en realidad, tienen poco que ver con este tipo de acuerdos.
Entonces, ¿qué es realmente una relación abierta? ¿Y cómo podemos diferenciarla de un deseo individual de estar con otras personas sin querer asumir las mismas condiciones para la pareja?
¿Qué es una relación abierta?
Una relación abierta implica que ambas personas acuerdan, de manera libre y consensuada, la posibilidad de establecer vínculos afectivos, sexuales o románticos con otras personas.
La clave está en la reciprocidad.
No se trata únicamente de que una persona pueda relacionarse con terceros, sino de aceptar que la otra persona también tiene el mismo derecho y la misma libertad para hacerlo.
Por eso, una relación abierta no se define únicamente por la existencia de otras relaciones, sino por aspectos como:
- El consentimiento mutuo.
- La comunicación honesta.
- El respeto por los acuerdos establecidos.
- La aceptación de la libertad de ambas partes.
- La responsabilidad emocional.
Cuando el deseo no es realmente una relación abierta
A veces, una persona plantea abrir la relación porque siente atracción por alguien más o porque desea experimentar fuera de la pareja. Esto, por sí mismo, no tiene nada de malo.
El problema aparece cuando se desea disfrutar de esa libertad, pero resulta difícil aceptar que la pareja pueda hacer exactamente lo mismo.
En estos casos pueden aparecer pensamientos como:
- “Yo quiero estar con otras personas, pero prefiero que mi pareja no lo haga.”
- “Me parece bien mientras sea yo quien tenga otras experiencias.”
- “No quiero perder la relación, pero tampoco quiero renunciar a lo que me apetece.”
Estas situaciones suelen generar conflictos, celos y frustración porque el acuerdo deja de ser realmente equitativo.
La mirada de la terapia TREC
Desde la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), sabemos que gran parte del malestar no proviene de la situación en sí, sino de las creencias que mantenemos sobre ella.
Por ejemplo, detrás de algunos conflictos relacionados con las relaciones abiertas pueden aparecer pensamientos como:
“Yo sí debería poder hacerlo, pero mi pareja no”
Esta creencia suele estar asociada a una doble exigencia que genera tensiones y conflictos.
“No podría soportar que mi pareja estuviera con otra persona”
Cuando interpretamos una situación como insoportable o intolerable, la intensidad emocional aumenta considerablemente.
“Si mi pareja desea a otra persona significa que ya no me quiere”
Esta idea suele relacionarse con inseguridades, miedo al abandono o necesidad de validación constante.
La importancia de la honestidad emocional
Antes de plantear abrir una relación, puede ser útil hacerse algunas preguntas:
- ¿Realmente deseo una relación abierta?
- ¿Estoy preparado/a para que mi pareja tenga la misma libertad que yo?
- ¿Qué emociones aparecen cuando imagino esa situación?
- ¿Estoy siendo honesto/a con mis necesidades y con las de la otra persona?
Responder a estas preguntas puede ayudar a diferenciar entre un deseo puntual de explorar otras experiencias y una verdadera voluntad de construir una relación abierta basada en acuerdos mutuos.
Conclusion
Las relaciones abiertas no son mejores ni peores que las relaciones monógamas. Son simplemente una forma diferente de relacionarse que requiere comunicación, confianza y acuerdos claros.
Lo importante es no confundir una relación abierta con el deseo unilateral de mantener la pareja mientras se buscan experiencias fuera de ella.
Desde la terapia TREC, trabajar las creencias, los miedos y las expectativas que aparecen en torno a la pareja puede ayudar a tomar decisiones más conscientes, coherentes y respetuosas con uno mismo y con los demás.