4 errores que cometemos como padres en Carnaval

Desde hace años, la semana de Carnaval se ha convertido para las familias en una prueba de fuego de eficacia y habilidad manual: ¡los niños tienen que ir a la escuela cumpliendo una consigna diferente cada día! En algunos casos puede convertirse en un quebradero de cabeza para padres y madres, y también para algunos niños que no disfrutan disfrazándose.

Cuándo disfrazarse se convierte en un problema ético, como por ejemplo en una familia vegana y el disfraz de pescadores, que se ha hecho viral.

1. Obligar al niño a disfrazarse

Cada niño tiene unos gustos y una personalidad, y disfrazarse es una parte muy importante de su desarrollo siempre que lo viva de manera positiva. Si lo vive bien, le ayudará a desarrollar la imaginación, pero si no quiere disfrazarse, hay que escucharle y respetarle; no se le debe forzar. Montse Busquets, psicóloga infantojuvenil de TREC Centro de Psicología, recuerda que el Carnaval es una festividad, un momento lúdico y, por lo tanto, no se debe forzar al niño en absoluto. Si un niño no quiere este tipo de protagonismo, hay que respetarlo.

2. Elegir el disfraz y hacérselo nosotros

Permitir la exploración: si el niño elige de qué quiere disfrazarse, irá más cómodo y disfrutará más. Cuando los padres y madres queremos educar hacia la autonomía de nuestros hijos, los niños tienen que entender el valor de las consignas y del Carnaval: el material lo tienen que preparar los pequeños, y los padres y madres solo deben hacer una comprobación final. 

3. Agobiarnos demasiado con el proceso

Todas las opciones son válidas, pero si podemos hacerlo con los niños o compartir el proceso, disfrutaremos de un buen rato, en sintonía y en complicidad.  Ahora bien, con la dificultad de conciliar, todo esto supone una carga. Si se puede hacer en clase con los pequeños, fantástico, y si se hace en casa, que tengamos cierta libertad y no sea un disfraz demasiado cerrado o complicado.  

4. Perfeccionismo

Hay que intentar vivirlo con calma, por mucho que en la escuela nos metan prisa y presión para cumplir las consignas diarias. La semana de Carnaval puede convertirse en un auténtico suplicio no solo para los padres y madres, sino también para los niños, que verán cómo sus padres corren, maldicen y gritan por la obligación de estos pequeños juegos diarios. 

Hay que intentar disfrutar y eliminar la palabra exigencia. El Carnaval es una festividad lúdica y debe prevalecer el respeto. Eliminar el perfeccionismo a la hora de preparar pequeños detalles o disfraces puede ser una buena herramienta. 

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